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Emociones

Vera y el pequeño sol de la casa

Cuento infantil sobre la llegada de un hermanito y los cambios en la familia: Vera aprende que puede sentir amor, celos y cansancio al mismo tiempo sin perder su lugar.

3 a 7 años5 min de lecturaLlegada de un nuevo hermano
Vera observa con ternura al bebé de la familia mientras conserva un momento especial con su madre

Cuando nació Sol, todo el mundo dijo que la casa se había llenado de luz.

—Es un pequeño sol —decía la abuela.

Vera, que tenía cinco años, miraba al bebé.

Sol dormía mucho, lloraba bastante y no sabía contar hasta tres.

A Vera no le parecía tan impresionante.

Antes, cuando ella quería enseñar un dibujo, mamá lo miraba enseguida. Ahora a veces decía:

—Un momento, Vera, estoy alimentando a Sol.

Papá también caminaba por la casa con el bebé en brazos.

Una tarde, Vera dejó su dibujo debajo de la mesa.

—No me gusta el pequeño sol —murmuró.

Su abuela la oyó.

—Eso parece una cosa importante.

Vera esperaba que la corrigiera.

En cambio, la abuela se sentó en el suelo.

—A veces lo quiero —dijo Vera—. Y a veces quiero que vuelva a donde estaba antes.

—Puedes sentir las dos cosas.

—¿No soy mala hermana?

—No.

La abuela encendió una vela y luego otra.

—Mira. La segunda llama no ha apagado la primera.

—Pero mamá tiene menos manos.

La abuela soltó una carcajada.

—Eso sí es verdad. El amor puede crecer; las manos y el tiempo siguen siendo limitados.

Aquella noche, mamá encontró el dibujo debajo de la mesa.

—Quería enseñártelo —dijo Vera—, pero estabas con Sol.

Mamá dejó el dibujo en la nevera.

—Necesitamos un rato que sea nuestro.

Desde entonces inventaron “los diez minutos de Vera”. Podían leer, dibujar o simplemente hablar. A veces eran después de la merienda; otras, cuando el bebé dormía.

Vera también decidió qué cosas quería hacer con Sol.

Le cantaba una canción.

Elegía sus calcetines.

Pero cuando no quería ayudar, podía decir que no.

Un día, Sol agarró uno de sus dedos.

Vera sintió algo cálido en el pecho.

—Creo que me gusta un poquito más.

Otra tarde, el bebé lloró durante mucho tiempo.

—Ahora me gusta menos —dijo.

Mamá sonrió cansada.

—A mí también me cuesta cuando llora mucho.

Vera descubrió que querer a alguien no significaba estar encantada con todo lo que hacía.

Pasaron los meses. Sol aprendió a sonreír, a sentarse y, finalmente, a arrastrarse directamente hacia los juguetes de Vera.

Eso produjo nuevas conversaciones.

Pero Vera ya conocía un secreto.

En una casa podían existir varias luces.

Había días en que Sol brillaba mucho. Otros en que Vera necesitaba que alguien se sentara a mirar su dibujo entero, sin interrupciones.

Y cuando eso ocurría, la familia buscaba un momento para ella.

Porque un nuevo bebé puede cambiar muchas cosas.

Pero Vera seguía teniendo nombre, lugar, historia y una luz que no pertenecía a nadie más.

Para disfrutar en familia

Después del cuento

Preguntas de comprensión

  • ¿Qué cosas cambiaron para Vera cuando llegó Sol?
  • ¿Podía querer a su hermanito y estar molesta con él el mismo día?
  • ¿Qué fueron “los diez minutos de Vera”?
  • ¿Qué significa que cada persona tenga una luz propia?

Actividad para hacer juntos

Dibuja un cielo familiar con una estrella para cada persona. Dentro de cada estrella escribe o dibuja algo especial de esa persona.

Una conversación que ayuda

Pregunten al hermano mayor qué cosas quiere hacer con el bebé y qué momentos desea conservar solo con sus adultos.

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