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Emociones

Rufi y la campanita verde

Cuento sobre los celos para niños pequeños: una historia de un zorrito que aprende que el cariño no se reparte como un pastel y que pedir atención es mejor que competir por ella.

3 a 7 años5 min de lecturaCelos y necesidad de atención
Rufi observa una campanita verde junto a una cuna mientras intenta comprender sus celos

En el lindero del Bosque de Avellanos vivía Rufi, un zorro de cola magnífica y modales bastante buenos, excepto cuando sonaba la campanita verde.

Nadie más podía oírla.

“Tin”, sonaba cuando su madre acariciaba a su prima Lía.

“Tin-tin”, cuando el abuelo felicitaba a otro cachorro.

“¡TIN-TIN-TIN!”, cuando su mejor amigo Nelo prefería jugar un rato con alguien más.

Cada sonido le dejaba a Rufi una sensación amarga detrás de los dientes.

Un domingo llegó Lía a pasar la tarde. Era pequeña, hacía preguntas sin descanso y todos parecían encontrarla encantadora.

—¡Mira cómo salta! —dijo la tía.

Tin.

—¡Qué dibujo tan gracioso!

Tin-tin.

Rufi se subió a una silla.

—¡Yo puedo saltar más alto!

Saltó. La silla se tambaleó y cayó sobre una cesta de nueces.

Nadie se hizo daño, pero las nueces rodaron por toda la cocina.

Rufi salió al jardín con las orejas calientes.

Debajo del manzano encontró al abuelo.

—Esa campana tuya suena fuerte hoy —dijo.

Rufi abrió mucho los ojos.

—¿Tú también la oyes?

—Tu abuela tenía una parecida.

El abuelo explicó que la campana de los celos no significaba que Rufi fuera malo. Solo avisaba de algo.

—¿De qué?

—De que quieres asegurarte de que todavía tienes un lugar.

Rufi miró la casa.

—¿Y si Lía ocupa el mío?

El abuelo partió una manzana por la mitad.

—Una manzana se acaba cuando la repartes. El cariño no funciona así.

Aquello parecía una de esas frases de los adultos que necesitan demostración.

Rufi regresó a la cocina. Lía estaba debajo de la mesa recogiendo nueces.

—Yo quería que todos me miraran a mí —confesó.

Lía pensó un momento.

—Yo quería que tú jugaras conmigo.

La campana hizo “tin”, pero esta vez muy bajito.

Rufi ayudó a recoger las nueces y luego preguntó a su madre:

—Cuando termines con Lía, ¿podemos tener un rato tú y yo?

—Claro.

No tuvo que saltar desde ninguna silla.

Más tarde, Rufi enseñó a Lía el escondite detrás de los helechos. Cuando ella consiguió pasar por un hueco estrecho que a él siempre le costaba, sintió venir el sonido.

Tin…

Rufi respiró.

—Qué bien lo hiciste —dijo.

La campanita quedó en silencio.

Con los años nunca desapareció del todo. Sonaba alguna vez cuando Rufi se sentía fuera, olvidado o inseguro.

Pero él ya sabía traducirla.

En lugar de competir, podía decir: “También quiero participar”, “¿Tienes un rato para mí?” o “Me siento un poco celoso”.

Y una campana que puede convertirse en palabras ya no necesita hacer tanto ruido.

Para disfrutar en familia

Después del cuento

Preguntas de comprensión

  • ¿Cuándo sonaba la campanita verde?
  • ¿Qué necesitaba realmente Rufi cuando sentía celos?
  • ¿Qué diferencia explicó el abuelo entre una manzana y el cariño?
  • ¿Qué podría decir Rufi la próxima vez que quiera atención?

Actividad para hacer juntos

Dibuja una campana. Dentro escribe o dibuja qué necesitas cuando sientes celos: compañía, turno, abrazo, ayuda o palabras.

Una conversación que ayuda

Practiquen la frase: “Me siento celoso porque… y me ayudaría…”.

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