Detrás del pueblo se levantaba una montaña que parecía tocar las nubes. Pablo soñaba con llegar a la cima, pero cada vez que miraba hacia arriba sentía que sus piernas ya estaban cansadas antes de empezar.
Una mañana encontró a la entrada del sendero una piedra lisa con una palabra grabada: HOY. La guardó en el bolsillo. «No tienes que subir toda la montaña de una vez», le dijo la guardabosques. «Solo el tramo que cabe en este día».
Pablo avanzó hasta el primer pino y regresó. Al día siguiente llegó a un arroyo. Otro día la lluvia lo obligó a parar; otro, tuvo que repetir una cuesta. La piedra no se volvía más ligera, pero su mano aprendía a reconocerla.
Hubo mañanas en que quiso abandonar. Entonces sacaba la piedra, leía HOY y escogía una meta pequeña: diez pasos, una curva, el próximo árbol. Cada tramo se unía al anterior como las páginas de un libro.
Cuando por fin alcanzó la cima, no gritó de inmediato. Miró el camino recorrido y comprendió que la montaña no se había hecho menor: él había crecido con cada intento.
Dejó la piedra al inicio del sendero para el siguiente caminante. Debajo de HOY añadió con cuidado otra palabra: OTRA VEZ.




