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Valores

El barco que avanzaba cuando todos remaban

Cuatro niños quieren ganar una carrera en un barco mágico, pero solo avanzarán cuando aprendan a coordinar sus talentos.

5 a 8 años6 min de lecturaTrabajo en equipo
Cuatro niños remando coordinados en un barco de madera mágico durante una carrera sobre un lago brillante.

Relato tradicional

Para la gran carrera del lago, cada equipo recibía un barco especial.

A Celia, Omar, Vera y Tomás les tocó uno llamado La Sardina Valiente.

—Yo seré capitana —dijo Celia.

—Yo soy el más fuerte, así que mando los remos —anunció Omar.

—Yo sé leer mapas —dijo Vera.

Tomás levantó una bolsa.

—Yo traje bocadillos.

Los demás suspiraron.

Al comenzar la carrera, Celia gritó órdenes. Omar remó tan fuerte que el barco giró hacia la izquierda. Vera intentaba explicar la ruta, pero nadie la escuchaba. Tomás repartió bocadillos en el peor momento y uno cayó sobre la brújula.

La Sardina Valiente avanzó tres metros y quedó atrapada entre juncos.

Los otros barcos se alejaron.

—Omar rema mal —dijo Celia.

—Tú das demasiadas órdenes.

—Nadie mira el mapa.

—Mis bocadillos eran buenos —murmuró Tomás.

Entonces el mascarón del barco, una sardina de madera con bigote, abrió los ojos.

—Este barco no se mueve con fuerza —dijo—. Se mueve con coordinación.

Les propuso probar de nuevo. Vera marcó el ritmo según el mapa. Omar usó su fuerza en los tramos de corriente. Celia observó a los otros barcos y avisó de los obstáculos. Tomás guardó los bocadillos y descubrió que era excelente contando:

—¡Uno, dos! ¡Uno, dos!

Los remos comenzaron a entrar en el agua al mismo tiempo.

La Sardina Valiente salió de los juncos.

A mitad de la carrera encontraron al equipo amarillo con un remo roto.

—Si los ayudamos, perderemos —dijo Omar.

Celia miró a sus compañeros.

—¿Qué clase de equipo queremos ser?

Vera encontró una ruta más corta. Tomás prestó la cuerda de su bolsa. Entre todos sujetaron el remo roto para que el otro barco pudiera continuar.

Al final no llegaron primeros.

Llegaron segundos, apenas detrás del equipo amarillo.

Omar parecía decepcionado, hasta que el juez anunció:

—El premio a la mejor tripulación es para La Sardina Valiente, por avanzar juntos y ayudar a otro equipo.

Tomás abrió la bolsa.

—Ahora sí es un buen momento para los bocadillos.

Comieron sentados en el muelle. La sardina de madera volvió a quedarse quieta, pero su bigote parecía sonreír.

Celia comprendió que liderar no era hablar más fuerte. Omar descubrió que la fuerza necesitaba ritmo. Vera aprendió a explicar el mapa sin desesperarse. Y todos admitieron que los bocadillos también podían ser una contribución importante.

Sobre todo después de remar.

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