Una mañana, Nico encontró una carta encima de su pañal.
Decía:
“Querido Nico: He trabajado noches, siestas, viajes y meriendas. Creo que pronto estaré listo para jubilarme. Atentamente, Don Pañal.”
Nico llevó la carta a su padre.
—¿Los pañales se jubilan?
—Este parece bastante decidido.
Nico miró a Don Pañal.
—Yo todavía no sé usar siempre el baño.
Debajo de la carta apareció otra nota:
“Yo tampoco aprendí mi trabajo en un día.”
Aquello tranquilizó a Nico.
Colocaron un orinal en el baño. Nico se sentó vestido primero. Al día siguiente se sentó sin pañal durante un ratito.
No ocurrió nada.
—¿Lo hice mal?
—No —dijo su padre—. Practicar también cuenta.
Nico empezó a notar señales. A veces sentía presión en la barriga. Otras veces dejaba de jugar de repente.
—Creo que mi cuerpo está avisando.
Corría al baño.
Algunas veces llegaba a tiempo.
Otras, no.
Una tarde estaba construyendo una torre altísima y no quiso dejarla. Cuando se dio cuenta, sus pantalones estaban mojados.
Nico bajó la cabeza.
—Don Pañal nunca hacía esto.
Su padre le dio ropa limpia.
—Estás aprendiendo un trabajo nuevo. Los accidentes no son travesuras.
Limpiaron juntos sin regaños.
Al día siguiente, Nico puso un cartel junto a sus bloques: “PAUSA DE BAÑO”. Cada cierto tiempo miraba el cartel y comprobaba qué decía su cuerpo.
Una semana después consiguió usar el orinal y salió gritando:
—¡DON PAÑAL, MIRA!
El pañal estaba doblado en una cesta. No respondió, pero Nico estaba seguro de que parecía orgulloso.
La jubilación fue gradual.
Don Pañal todavía trabajaba algunas noches y en ciertos momentos en que la familia lo necesitaba. Nadie tenía prisa por celebrar una despedida definitiva.
Cada logro se celebraba con una pequeña danza inventada por Nico: dos palmadas, una vuelta y un “¡lo escuché!”.
No celebraban que estuviera “grande”.
Celebraban que había escuchado a su cuerpo.
Un día, Nico escribió con ayuda de su padre:
“Querido Don Pañal: Gracias por tu trabajo. Yo sigo practicando. Atentamente, Nico.”
Guardaron la carta en una caja de recuerdos.
Nico comprendió que crecer no ocurre de golpe. A veces llega en pasos pequeños, con prácticas, accidentes, ropa limpia y muchas oportunidades para volver a intentarlo.
Y Don Pañal, satisfecho, pudo tomarse cada vez más días libres.
Para disfrutar en familia
Después del cuento
Preguntas de comprensión
- ¿Por qué Nico pensó que había hecho algo mal después de un accidente?
- ¿Qué le explicó su padre?
- ¿Qué señales empezó a notar en su cuerpo?
- ¿Por qué celebraban que Nico escuchara a su cuerpo?
Actividad para hacer juntos
Haz una secuencia con dibujos: noto la señal, voy al baño, bajo la ropa, intento, me limpio, me lavo las manos.
Una conversación que ayuda
Usen palabras neutrales y sencillas para hablar de accidentes, sin burlas ni castigos.




