El nudo en la barriga. La noche antes de empezar el colegio, Nico sintió un nudo pequeño en la barriga. No dolía, pero parecía dar vueltas cada vez que miraba su mochila nueva.
Una pregunta importante. “¿Y si no conozco a nadie?”, preguntó. Mamá se sentó a su lado y le explicó que el miedo aparece cuando algo es nuevo, pero que también puede caminar junto a la valentía.
El bolsillo valiente. Juntos dibujaron un corazón diminuto y lo guardaron en el bolsillo de Nico. “Cuando lo toques, recuerda que puedes respirar, mirar alrededor y pedir ayuda”.
La puerta azul. Al llegar, Nico vio una puerta azul, dibujos en las paredes y otros niños abrazando mochilas. Su nudo volvió a girar. Entonces tocó el corazón de papel y respiró como si oliera una flor.
Una nueva amiga. Una niña llamada Luna dejó caer sus colores. Nico la ayudó a recogerlos. “Yo también estaba nerviosa”, dijo ella. Los dos sonrieron.
Un día posible. Nico descubrió la mesa de bloques, cantó una canción y preguntó dónde estaba el baño. No todo fue perfecto, pero cada pequeño paso hizo que el nudo se volviera más suave.
El regreso. Al salir, Nico mostró el corazón arrugado. “Hoy tuve miedo y también fui valiente”, dijo. Mamá sonrió: “Eso es exactamente lo que significa ser valiente”.




