Mateo había pasado muchas veces frente al colegio de la puerta azul. Desde fuera parecía enorme.
—Debe tener cien habitaciones —decía.
—Tiene seis —respondía su padre.
—Entonces parecen cien.
El primer día, Mateo se puso la mochila y decidió que no quería entrar.
—Podemos quedarnos aquí un minuto —dijo su padre.
Aquello le sorprendió. Pensaba que los adultos siempre tenían prisa.
Miraron juntos la puerta azul.
—No tienes que conocer todo el colegio hoy —añadió su padre—. Solo la siguiente cosa.
—¿Cuál?
—Primero, cruzar la puerta.
Mateo la cruzó.
—¿Y ahora?
—Encontrar tu nombre.
En el pasillo había tarjetas con dibujos. Mateo encontró “MATEO” junto a un pequeño barco.
Luego apareció la maestra Sara.
—Tu tercera misión es conocer un lugar del salón —dijo ella.
Mateo eligió la mesa de plastilina.
Amasó una bola. Después hizo una serpiente. Una niña llamada Vera hizo un caracol.
—Tu serpiente puede ser amiga de mi caracol —propuso.
Mateo pensó que las serpientes quizá se comían los caracoles, pero decidió que aquella sería vegetariana.
Rieron.
A media mañana, Mateo echó de menos a su padre. La escuela volvió a parecer enorme.
La maestra Sara se sentó cerca.
—Puedes extrañarlo y seguir aquí conmigo.
Mateo miró su tarjeta del barco.
—¿Cuál es la siguiente cosa?
Sara sonrió.
—Beber agua. Después iremos al patio.
Así pasó el día: una cosa detrás de otra.
Guardar los colores.
Escuchar un cuento.
Pedir turno.
Ir al baño.
Compartir una merienda.
Encontrar de nuevo la puerta azul.
Cuando su padre llegó, Mateo salió corriendo.
—¿Tenía cien habitaciones? —preguntó.
—Seis —respondió Mateo—. Pero hoy solo necesité conocer algunas.
A la mañana siguiente volvió a sentir mariposas en la barriga.
—Creí que ya no tendría nervios —dijo.
—A veces los nervios necesitan varios días para aprender el camino —contestó su padre.
Mateo cruzó la puerta azul.
Vera ya estaba allí con un caracol de plastilina.
—Hoy mi caracol necesita una casa.
Mateo dejó la mochila.
—Yo sé hacer puentes.
Y de ese modo el colegio dejó de ser un edificio enorme que debía conquistar.
Se convirtió en un lugar hecho de cosas pequeñas: una puerta, un nombre, una mesa, una amiga, una maestra y muchos “siguientes pasos”.
Eso sí podía hacerlo.
Para disfrutar en familia
Después del cuento
Preguntas de comprensión
- ¿Qué hizo Mateo en lugar de intentar conocer todo el colegio de una vez?
- ¿Quién fue su primera nueva amiga?
- ¿Volver a sentir nervios al segundo día significó que algo iba mal?
- ¿Cuál podría ser tu primer “siguiente paso” en un lugar nuevo?
Actividad para hacer juntos
Haz un mapa sencillo del colegio o jardín: puerta, salón, baño, patio y lugar de recogida.
Una conversación que ayuda
Antes del primer día, expliquen al niño quién lo llevará, quién lo recogerá y qué ocurrirá después de despedirse.




