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Emociones

Martín y el volcán de bolsillo

Cuento infantil para aprender a controlar el enojo: Martín descubre cómo notar las señales de su cuerpo, respirar y elegir qué hacer antes de que su volcán interior explote.

4 a 7 años5 min de lecturaEnojo y autorregulación
Martín respira para calmar un pequeño volcán imaginario que representa su enojo

Martín guardaba una piedra roja en el bolsillo. La había encontrado junto al taller del herrero y era lisa, brillante y tibia.

El herrero le advirtió:

—Esa piedra copia el calor de quien la lleva.

Martín pensó que era una broma.

Hasta el martes.

Ese día, su amigo Julián tomó sin preguntar la carreta de madera que Martín estaba construyendo. Una rueda se soltó y rodó bajo el banco.

Martín sintió calor en la cara.

La piedra también se calentó.

—¡Siempre lo arruinas todo! —gritó.

Del bolsillo salió una nubecita de humo.

Julián se quedó quieto.

Martín quiso seguir hablando, pero entonces el humo formó sobre su cabeza un volcán diminuto.

—Eso es nuevo —dijo el herrero desde la puerta.

Llevó a Martín al patio.

—El enojo es rápido —explicó—. Por eso conviene que tus manos y tu boca aprendan a esperar un poco.

—Pero él rompió mi carreta.

—Y tendrás que hablar de eso. Primero necesitamos que el volcán deje de lanzar piedras.

El herrero le enseñó tres cosas.

Primero: notar.

Martín apretó los puños.

—Tengo las manos duras y la cara caliente.

Segundo: respirar como quien enfría una sopa. Tomar aire por la nariz y soltarlo largo, sin prisa.

Tercero: poner palabras antes de actuar.

Martín practicó:

—Estoy muy enojado porque tomaste mi carreta sin preguntar.

El volcán dejó de humear.

Julián apareció detrás de la puerta.

—Lo siento —dijo—. Quería verla de cerca. Puedo ayudarte a arreglarla.

Martín todavía estaba molesto. Respirar no había convertido lo ocurrido en algo agradable.

Eso le gustó: nadie le pedía fingir que ya no importaba.

—Sí —respondió—. Pero la próxima vez pregunta.

Los dos buscaron la rueda.

Una semana después, Martín perdió una carrera de sacos. Sintió la cara caliente. Luego, la piedra.

—Oh, no —dijo—. Otra vez el volcán.

Notó sus hombros, respiró y dijo:

—Estoy enfadado porque quería ganar.

No culpó al ganador. No pateó el saco. Después de un rato volvió a jugar.

Con los meses, la piedra roja dejó de calentarse tanto. Quizá se estaba enfriando.

O quizá Martín había aprendido a reconocer el fuego antes de que subiera.

Años después conservó la piedra sobre una repisa.

Cuando algún niño preguntaba para qué servía, Martín respondía:

—Para recordar que sentir enojo no es lo mismo que hacer daño.

Y después enseñaba a respirar como quien enfría una sopa.

Para disfrutar en familia

Después del cuento

Preguntas de comprensión

  • ¿Qué señales notó Martín en su cuerpo cuando estaba enojado?
  • ¿Respirar hizo que dejara de importarle lo que ocurrió?
  • ¿Qué palabras usó para hablar con Julián?
  • ¿Qué puedes hacer tú antes de gritar o golpear algo?

Actividad para hacer juntos

Dibuja un volcán con tres zonas: abajo “lo noto”, en medio “respiro” y arriba “lo digo con palabras”.

Una conversación que ayuda

Practiquen: “Estoy enojado porque… Necesito…”.

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