Lila y Tomás eran amigos desde que ambos confundían las botas derecha e izquierda. Ella hablaba rápido. Él pensaba despacio. Ella prefería subir colinas. Él buscaba caminos junto al río.
Cada otoño, el pueblo celebraba la Noche de los Faroles. Los niños debían llevar una lámpara hasta la torre del bosque y encender allí una gran estrella de papel.
—Vamos por la colina —dijo Lila.
—Por el río es más corto —dijo Tomás.
—Siempre quieres ir por donde tú dices.
—¡Tú nunca escuchas!
Se dieron la espalda.
Lila tomó la colina. Tomás tomó el río.
A los pocos minutos, Lila llegó a un cruce donde el viento había borrado las señales. Tomás encontró el sendero del río cubierto por ramas caídas.
Los dos se sentaron, cada uno por su lado, muy enfadados.
Entonces los faroles empezaron a apagarse.
Primero el de Tomás. Luego el de Lila.
En la oscuridad se oyó una voz.
—¿Tomás?
—¿Lila?
Habían llegado al mismo claro por caminos distintos.
—Mi camino no funcionó —dijo él.
—El mío tampoco.
Durante un momento ninguno quiso decir nada más.
Después Lila levantó su farol apagado.
—Siento haberte dicho que nunca escuchas. Estaba enojada.
Tomás pasó un dedo por el asa de su lámpara.
—Yo también lo siento. Quería tener razón más que llegar contigo.
Descubrieron que sus faroles podían encenderse uno con otro si protegían juntos la llama del viento.
Esta vez miraron el mapa.
—¿Qué propones? —preguntó Lila.
Tomás señaló una senda intermedia.
—Podemos probar esta. Si no funciona, regresamos.
—De acuerdo.
Caminaron sin competir. Cuando Lila avanzaba demasiado rápido, esperaba. Cuando Tomás dudaba mucho, Lila le daba ánimo.
Llegaron a la torre después de casi todos.
—Somos los últimos —susurró Tomás.
—Pero llegamos juntos.
Colocaron sus dos faroles bajo la gran estrella de papel. La luz subió por el interior y el bosque entero pareció respirar dorado.
De regreso al pueblo, Tomás preguntó:
—¿Somos malos amigos por haber discutido?
Lila pensó un rato, algo que normalmente hacía Tomás.
—Creo que los amigos también se enfadan. Lo importante es qué hacemos después.
Desde entonces, cuando no estaban de acuerdo, recordaban los faroles.
Escuchar era proteger una llama.
Pedir perdón era volver a encenderla.
Y ser amigos no significaba caminar siempre por el mismo sendero, sino aprender a encontrarse otra vez.
Para disfrutar en familia
Después del cuento
Preguntas de comprensión
- ¿Por qué discutieron Lila y Tomás?
- ¿Qué reconoció cada uno cuando se encontraron en el claro?
- ¿Qué hicieron diferente después de pedir perdón?
- ¿Qué significa la frase “escuchar era proteger una llama”?
Actividad para hacer juntos
Dibuja dos faroles unidos por un camino. En cada farol escribe una cualidad de un buen amigo.
Una conversación que ayuda
Piensen en una forma de reparar una amistad después de una discusión.




