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Para dormir

La ventana donde cantaba el viento suave

El viento canta cada noche en la ventana de Abril, pero una melodía triste le ayudará a expresar una preocupación que guardaba en silencio.

4 a 7 años7 min de lecturacomunicación, seguridad emocional, familia, calma
Niña en pijama escuchando notas musicales doradas que entran por una ventana abierta bajo un cielo estrellado.

Relato tradicional

En la ventana de Abril, el viento cantaba.

Los lunes sonaba como flauta. Los martes, como cucharitas chocando. Los viernes traía una canción alegre desde la plaza y hacía bailar las cortinas.

Pero aquella noche cantó una melodía triste.

Abril había escuchado a sus padres hablar en la cocina. No entendió todo, solo palabras sueltas: “dinero”, “difícil” y “qué vamos a hacer”. Después ellos sonrieron al verla y dijeron que no se preocupara.

Abril se fue a la cama, pero la preocupación se acostó con ella.

—Viento —susurró—, ¿sabes si mi casa está en peligro?

El viento no respondió con palabras. Entró por la ventana y dejó sobre la almohada tres notas musicales. La primera llevaba hasta la panadería, donde una mujer cantaba mientras amasaba a pesar de estar cansada. La segunda llegó a una casa donde dos hermanos compartían una sola lámpara para hacer la tarea. La tercera regresó a la cocina de Abril.

Allí encontró a mamá y papá sentados, haciendo cuentas. Parecían preocupados, pero también estaban tomados de la mano.

—No quiero que me vean —dijo Abril al viento.

La cortina le rozó la mejilla, como animándola.

Abril entró.

—Escuché que algo es difícil —dijo—. Tengo miedo de que perdamos la casa.

Sus padres se miraron. Papá dejó el lápiz.

—Gracias por decirlo —respondió—. Estamos reorganizando algunos gastos porque este mes tendremos menos dinero. Pero tenemos un plan, trabajo y personas que pueden ayudarnos. La casa no está en peligro.

Mamá la sentó en sus piernas.

—A veces los adultos hablamos de problemas y olvidamos que los niños escuchan pedacitos. No tienes que completar la historia sola con tu imaginación.

Abril sintió que la preocupación se hacía más pequeña.

—¿Puedo ayudar?

—Puedes ayudarnos apagando luces que no usamos —dijo papá—, pero no eres responsable de resolver esto. Tu trabajo es crecer, aprender y contarnos cuando algo te asusta.

Prepararon una lista familiar: cocinar juntos, cuidar el agua y hacer noches de películas en casa. Abril añadió una idea muy importante: “bailar con las cortinas los viernes”.

Al volver a su habitación, el viento cambió de canción. Ya no sonaba triste. Era una melodía tranquila, con una nota de esperanza y otra de alivio.

—Gracias —dijo Abril.

La ventana respondió con un suave silbido.

Desde entonces, cuando el viento traía palabras que Abril no comprendía, no las guardaba bajo la almohada. Preguntaba. Sus padres aprendieron a explicar sin asustarla y sin fingir que nunca había dificultades.

Porque una familia no es un lugar donde jamás existen preocupaciones. Es un lugar donde nadie tiene que inventar respuestas a solas en la oscuridad.

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