Relato tradicional
Emma había tenido un día maravilloso: saltó en charcos, celebró un cumpleaños y comió una porción de torta con una fresa enorme.
Al llegar la noche, mamá dijo:
—Hora de buscar el pijama.
—¡No tengo sueño! —respondió Emma, dando una vuelta tan rápida que casi se sentó dentro del cesto de ropa.
Se metió en la cama. Cerró los ojos. Los abrió. Contó tres ovejas, dos dinosaurios y un calcetín.
—He perdido mi bostezo —declaró.
Mamá miró debajo de la almohada.
—Aquí no está.
Buscaron en el armario. Encontraron un zapato, una pelota y una galleta muy antigua que nadie quiso investigar.
—Tal vez dejaste el bostezo en el baño —dijo mamá.
Emma fue a cepillarse los dientes. Cuando la espuma le hizo un bigote, soltó una risita y apareció una pista dorada sobre el espejo: una pequeña letra B.
—¡B de baño! —gritó.
Después se lavó las manos y la cara. Otra pista apareció: una P.
—¿P de pastel?
—Quizá P de pijama —sugirió mamá.
Emma se puso el pijama. Una tercera pista brilló en la manga: C.
—¡C de cuento!
Eligió un libro sobre una gallina que quería aprender ballet. Durante la historia, Emma dejó de mover los pies. Al terminar, apareció la última letra: A.
—A de abrazo —dijo mamá.
Se abrazaron largo, sin prisa. Emma apoyó la cabeza en el hombro de mamá y sintió algo subir desde la barriga hasta la boca.
—Aaaaaaah…
El bostezo salió enorme. Dio una vuelta por la habitación y aterrizó sobre la almohada.
—¡Lo encontré!
—No estaba perdido —explicó mamá—. Estaba esperando las señales: baño, pijama, cuento y abrazo.
Emma quiso celebrarlo con otro salto, pero sus piernas ya estaban blanditas. Se acomodó bajo la manta.
—Mañana guardaré el bostezo en una caja para que no se escape.
—Los bostezos no caben en cajas.
—Entonces lo guardaré aquí.
Emma puso una mano sobre el pecho.
Mamá apagó la luz. Afuera pasó un automóvil, una puerta se cerró y la casa comenzó a quedarse quieta.
Emma respiró lentamente. Otro bostezo llegó, esta vez sin necesidad de pistas.
—Buenas noches, bostezo —murmuró.
Y antes de terminar la frase, ya estaba dormida, soñando con una gallina que bailaba ballet usando un pijama de fresas.




