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Fábulas

La paloma y la hormiga

Una paloma salva a una hormiga del río y tiempo después recibe ayuda de quien parecía demasiado pequeña para protegerla.

3 a 8 años4 min de lecturaSolidaridad y reciprocidad
Paloma dejando caer una hoja a una hormiga en el río, rodeadas de naturaleza luminosa.

Fábula tradicional atribuida a Esopo

Una hormiga se acercó al río para beber. Una piedra cedió y cayó al agua.

La corriente la arrastró.

—¡Ayuda! —gritó.

Una paloma llamada Alba la vio desde una rama. Arrancó una hoja y la dejó caer cerca.

La hormiga subió y llegó a la orilla.

—Gracias —dijo—. Algún día podría ayudarte.

Alba no se rio.

—Nunca se sabe cuándo necesitaremos a otro.

Días después, un cazador se acercó al árbol donde descansaba la paloma. Preparó una red.

La hormiga lo vio. Era demasiado pequeña para mover la red o avisar con un grito que Alba pudiera escuchar.

Pensó rápidamente.

Subió por la bota del cazador y le dio un mordisco en el tobillo.

El hombre saltó, dejó caer la red y hizo tanto ruido que Alba despertó y voló.

Más tarde, la paloma encontró a la hormiga.

—Me salvaste.

—Usé lo único que tenía.

Alba comprendió que la ayuda no debía parecerse a la suya para ser valiosa. Ella tenía alas y hojas. La hormiga tenía rapidez y dientes pequeños.

Desde entonces, cuando alguien decía que era demasiado pequeño para marcar una diferencia, Alba contaba la historia del río y la bota.

La hormiga agregaba:

—No siempre podemos resolver todo. Pero podemos observar, pensar y hacer la parte que está a nuestro alcance.

Y ambas continuaron ayudando sin llevar una cuenta, porque habían aprendido que la solidaridad no es un intercambio de favores.

Es una forma de no dejar solo a quien está en peligro.

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