Fábula tradicional atribuida a Esopo
Un caballo y un asno viajaban con su cuidador.
El asno llevaba varios sacos pesados. El caballo llevaba una manta ligera.
Después de una larga cuesta, el asno dijo:
—¿Podrías cargar uno de mis sacos? Me siento agotado.
El caballo miró su manta.
—No es mi carga.
Continuaron.
El asno volvió a pedir ayuda.
—Solo uno.
—Cada cual con lo suyo —respondió el caballo.
Poco después, el asno tropezó y cayó. No estaba herido de gravedad, pero no podía continuar cargando.
El cuidador repartió todos los sacos sobre el caballo y ayudó al asno a caminar sin peso.
El caballo avanzó con dificultad.
—Ahora llevo más de lo que me pidió.
El asno contestó:
—Si hubieras ayudado antes, ambos habríamos llegado mejor.
El caballo comprendió.
Al día siguiente, cuando el asno comenzó a cansarse, ofreció cargar un saco sin esperar a que lo suplicara. También organizaron descansos y ajustaron las correas.
El viaje resultó más fácil.
El caballo aprendió que ayudar no siempre significa asumir todo lo del otro. Puede ser compartir una parte, avisar que necesitamos descansar o buscar una solución juntos.
Desde entonces, cuando alguien decía “no es mi problema”, el caballo recordaba la cuesta.
Porque algunos problemas, si se ignoran, terminan subiéndose completos sobre nuestra espalda.




