Relato tradicional
Alma llevaba semanas ahorrando para comprar una cometa con cola de cintas violetas.
Tenía casi todo el dinero.
Le faltaba una sola moneda.
El sábado, camino al mercado, vio algo dorado junto a una fuente. Era exactamente la moneda que necesitaba.
Miró alrededor.
Nadie parecía buscarla.
—Qué suerte —susurró.
La guardó en su bolsillo. De inmediato sintió un pequeño cosquilleo.
Al llegar al puesto de cometas, sacó sus ahorros. Pero la moneda dorada saltó de su mano, rodó por el suelo y regresó al bolsillo.
Lo intentó otra vez.
La moneda volvió.
—Debe ser tímida —dijo el vendedor.
Alma la sujetó con fuerza. Entonces escuchó a un músico anciano preguntar por la plaza:
—¿Alguien ha visto una moneda con una estrella? Era para comprar las cuerdas de mi violín.
Alma bajó la mirada. La moneda encontrada tenía una estrella diminuta.
Pensó en la cometa. Imaginó cómo volaría sobre los tejados.
También miró el estuche vacío del violín.
Podía quedarse callada. Nadie la había visto recogerla.
La moneda comenzó a calentarse en su bolsillo.
Alma caminó hasta el músico.
—Creo que esto es suyo.
Al entregársela, la moneda brilló y soltó un sonido parecido a una nota musical.
—Gracias —dijo el hombre—. No era valiosa por su precio. Me la regaló mi hija hace muchos años.
Alma se sintió triste por la cometa, pero también ligera, como si hubiera soltado una piedra que llevaba dentro.
Regresó a casa sin comprar nada.
Esa tarde, mientras ayudaba a su madre a tender ropa, escuchó música en la calle. El anciano tocaba el violín frente a su ventana. Cuando terminó, le entregó una pequeña caja.
Dentro había una cometa hecha con papel pintado a mano. En el centro tenía una estrella dorada.
—No te la doy para pagar tu honestidad —explicó—. Lo correcto no siempre recibe premios. Te la doy porque hiciste posible que mi música siguiera sonando y quise compartir algo contigo.
La cometa voló más alto que todas las del mercado.
Alma guardó sus ahorros para otra ocasión.
Y la moneda, desde el bolsillo del músico, brillaba cada vez que alguien elegía hacer lo correcto aunque nadie estuviera mirando.




