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La capa de la capitana Remiendo

Una capitana descubre que su capa gana un remiendo cada vez que reconoce un error y ayuda a reparar sus consecuencias.

5 a 8 años6 min de lecturaResponsabilidad, valentía y reparación
Niña capitana con una capa llena de remiendos coloridos reparando un pequeño barco junto a su tripulación.

Relato tradicional

La capitana Amaya llevaba una capa azul sin una sola mancha.

—Una capitana de verdad no se equivoca —decía.

Por eso, cuando tomó una ruta demasiado cercana a las rocas y rasgó la vela de su barco, culpó al viento.

—Sopló de manera irresponsable.

El viento respondió haciendo volar su sombrero.

La tripulación reparó la vela, pero Amaya no ayudó. Esa noche apareció un pequeño agujero en su capa.

Al día siguiente, olvidó asegurar las cajas de provisiones. Una ola lanzó tres cajas al agua.

—El mar está muy inquieto —dijo.

Otro agujero apareció.

Pronto la capa tenía tantos huecos que parecía una red de pescar.

La cocinera del barco, señora Elba, le entregó una aguja.

—Los agujeros no desaparecen por no mirarlos.

Amaya intentó coserlos a escondidas, pero el hilo se deshacía.

—¿Por qué no funciona?

—Porque no basta con tapar el error —respondió Elba—. Hay que reconocerlo, reparar lo posible y aprender.

Amaya reunió a la tripulación.

—Elegí mal la ruta. También olvidé asegurar las cajas. Lo siento. Quiero ayudar a corregirlo.

Trabajó con todos. Aprendió a leer mejor las corrientes, reforzó los amarres y ayudó a recuperar dos cajas que flotaban cerca de una boya.

Cuando terminó, Elba cosió sobre el primer agujero un remiendo rojo con forma de vela. Sobre el segundo colocó uno verde con forma de nudo.

Los remiendos no ocultaban lo ocurrido.

Lo contaban.

Durante el siguiente viaje, Amaya cometió otros errores. Calculó mal la cantidad de limones y toda la tripulación bebió agua con un sabor exageradamente ácido. Esta vez se rio, pidió disculpas y ayudó a preparar una nueva jarra.

Su capa recibió un remiendo amarillo con forma de limón.

Con los años, la capa se llenó de colores.

Los marineros jóvenes la admiraban.

—¿Son medallas? —preguntaban.

—Algo mejor —respondía Amaya—. Son errores que no escondí.

La capitana comprendió que ser responsable no significaba no equivocarse.

Significaba no abandonar a los demás con las consecuencias.

Y su capa remendada terminó siendo mucho más fuerte, hermosa y verdadera que la capa perfecta que había usado al principio.

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