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La bicicleta de los dos timbres

Una bicicleta para dos se niega a avanzar cuando sus conductores quieren decidir al mismo tiempo.

4 a 7 años5 min de lecturaRespeto y turnos
Dos amigos montando una bicicleta mágica de dos asientos con dos timbres de colores por un parque luminoso.

Relato tradicional

La bicicleta de la tía Malena tenía dos asientos, cuatro pedales y dos timbres.

El timbre verde decía “trin”.

El naranja decía “¡TARÁN!”.

Inés y Mateo quisieron probarla.

—Yo conduzco —dijeron al mismo tiempo.

Subieron y comenzaron a pedalear, pero Inés giró hacia el parque mientras Mateo giró hacia la heladería.

La bicicleta se quedó quieta.

—Está dañada —dijo Mateo.

—No. Tú la confundes —respondió Inés.

Tocaron los timbres al mismo tiempo.

—¡Trin-TARÁN-trin-TARÁN!

La bicicleta dio una vuelta completa y terminó frente al mismo árbol.

La tía Malena se acercó comiendo una manzana.

—Esa bicicleta solo avanza cuando sus dos conductores se respetan.

—Yo lo respeto —dijo Inés—, siempre que haga lo que digo.

—Yo también —dijo Mateo—, siempre que vayamos por helado.

La tía les explicó que cada timbre concedía un turno de decisión. Cuando sonaba el verde, Inés elegía el camino y Mateo escuchaba. Cuando sonaba el naranja, ocurría lo contrario.

Inés tocó “trin”.

—Primero rodearemos el lago.

Mateo quería protestar, pero esperó. Descubrió patos pequeños nadando detrás de su madre y lanzó una carcajada cuando uno intentó subirse a una piedra resbalosa.

Después tocó “¡TARÁN!”.

—Ahora vamos a la heladería.

Inés aceptó. En el camino encontraron una rama atravesada. Esta vez no discutieron: uno sostuvo la bicicleta y el otro movió la rama.

La bicicleta comenzó a avanzar más rápido. Cada vez que escuchaban el turno del otro, aparecían flores a los lados del sendero.

Al llegar a la heladería, Mateo eligió chocolate. Inés quería fresa. Estuvieron a punto de discutir otra vez, hasta que miraron los dos timbres.

—No todo necesita un ganador —dijo Inés.

Pidieron una copa con ambos sabores.

De regreso, ya no necesitaron tocar los timbres para cada decisión. Preguntaban, proponían y se alternaban.

La bicicleta llegó a casa dejando detrás un camino de margaritas.

—¿Cuál de los dos condujo mejor? —preguntó la tía.

Inés y Mateo se miraron.

—Los dos —respondieron.

La bicicleta hizo “trin” y “¡TARÁN!” al mismo tiempo.

Esta vez no giró en círculos.

Parecía estar aplaudiendo.

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