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Emociones

Inés y el puente de las siete tablas

Cuento infantil sobre la frustración y la perseverancia: Inés descubre que equivocarse, descansar y volver a intentar forman parte de aprender algo nuevo.

4 a 7 años5 min de lecturaFrustración y perseverancia
Inés observa tres nudos junto a un puente de siete tablas en un bosque luminoso

Inés quería llegar a la Feria de las Moras antes que nadie. Había oído que allí vendían panecillos con forma de erizo y cintas que cambiaban de color bajo el sol.

Solo había un problema: el camino cruzaba el Puente de las Siete Tablas.

No era un puente peligroso. Era un puente testarudo.

La primera tabla aparecía cuando el viajero intentaba algo nuevo. La segunda, cuando se equivocaba. La tercera, cuando lo intentaba otra vez. Y así hasta completar siete.

—Eso es fácil —dijo Inés.

Al llegar al arroyo no había ni una sola tabla.

En una piedra encontró una cuerda con tres nudos y un letrero: “Desátalos”.

Inés tiró del primer nudo. Nada.

Tiró más fuerte.

Nada.

—¡Qué tontería de puente!

Arrojó la cuerda al suelo.

Apareció un cuervo en una rama.

—Puedes enfadarte —dijo—, pero el nudo seguirá siendo nudo.

Inés volvió a coger la cuerda. Probó con las uñas, con un palito y hasta con los dientes. No funcionó.

—¡No puedo!

—Todavía —corrigió el cuervo.

Inés se sentó. Respiró. Miró el nudo sin tocarlo y descubrió una pequeña vuelta de cuerda que antes no había visto.

Tiró suavemente.

El primer nudo se abrió.

¡Clac!

Apareció una tabla sobre el agua.

El segundo nudo fue peor. Inés volvió a equivocarse. Una vez. Dos veces. Cinco.

—Necesito descansar.

Comió una fresa y escuchó el arroyo. Al regresar, sus manos parecían saber algo que antes no sabían.

Abrió el segundo nudo.

¡Clac!

Otra tabla.

Para el tercero pidió una pista al cuervo.

—¿Pedir ayuda cuenta? —preguntó.

—Cuenta como inteligencia.

Cuando el último nudo cedió, el puente completo estaba allí: siete tablas firmes, una detrás de otra.

Inés cruzó y llegó a la feria más tarde de lo que había planeado.

Los panecillos de erizo seguían calientes.

—Creí que el premio era llegar —dijo, mordiendo uno.

El cuervo, que la había seguido, inclinó la cabeza.

—¿Y no lo era?

Inés miró sus manos. Había aprendido a parar, observar, pedir ayuda y volver a intentar.

—No era el único.

Desde aquel día, cuando algo no le salía, a veces seguía enfadándose. Incluso decía “¡no puedo!” de vez en cuando.

Pero enseguida añadía una palabra que había aprendido junto al arroyo:

—Todavía.

Y aquella palabra era, para muchas dificultades, la primera tabla de un puente.

Para disfrutar en familia

Después del cuento

Preguntas de comprensión

  • ¿Por qué no aparecían todas las tablas desde el principio?
  • ¿Qué hizo Inés cuando estaba demasiado frustrada?
  • ¿Por qué pedir ayuda también fue importante?
  • ¿Qué cambia cuando decimos “todavía” después de “no puedo”?

Actividad para hacer juntos

Dibuja siete tablas y escribe en cada una una estrategia: probar, parar, respirar, mirar, preguntar, practicar y celebrar.

Una conversación que ayuda

Recuerden algo que antes no podían hacer y que ahora sí pueden.

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