Mi LittleChef
Volver a todos los cuentos

Valores

El paraguas que se hacía grande para todos

Un paraguas pequeño comienza a crecer cada vez que alguien hace espacio para otra persona durante una gran tormenta.

3 a 7 años5 min de lecturaSolidaridad y hospitalidad
Gran paraguas multicolor protegiendo a niños, vecinos y animales durante una tormenta alegre en un barrio.

Relato tradicional

El paraguas de Berta era tan pequeño que apenas cubría su cabeza.

Si llovía de lado, se mojaba un hombro. Si soplaba viento, se mojaban los dos.

Aun así, Berta lo quería porque tenía un mango rojo y hacía “plop” al abrirse.

Una tarde comenzó una tormenta enorme. Las gotas golpeaban las calles como miles de dedos apurados.

Berta encontró a Joel esperando bajo un balcón.

—Ven —le dijo—. Cabemos los dos.

—No cabemos —respondió Joel, mirando el paraguas.

Pero Berta se hizo a un lado.

En cuanto Joel entró, el paraguas creció un poquito.

Caminaron hasta la esquina y vieron a doña Teresa con sus bolsas de verduras.

—Pase con nosotros —ofreció Berta.

El paraguas se ensanchó otra vez. Ahora tenía una franja amarilla que antes no estaba.

Más adelante recogieron a un perro empapado. Después a una niña con violín, a un repartidor de pan y a un señor que llevaba una caja llena de pollitos.

Cada vez que alguien decía “hagamos espacio”, el paraguas aumentaba.

Pronto era tan grande como el techo de una casa. Debajo caminaban vecinos, perros, pollitos y hasta un gato que fingía no necesitar ayuda.

Al llegar a la plaza, encontraron a un hombre solo. Tenía un paraguas elegante, pero estaba roto.

—Puede venir —dijo Berta.

—Gracias, pero ya son demasiados.

—Eso dijimos cuando éramos dos —contestó Joel.

Le hicieron espacio. El paraguas creció hasta cubrir toda la plaza.

La tormenta duró una hora. Mientras esperaban, el panadero repartió pan, la niña tocó el violín y doña Teresa preparó una ensalada dentro de una ensaladera que alguien llevaba por casualidad.

Cuando dejó de llover, el paraguas volvió lentamente a su tamaño original.

—¿Perdió su magia? —preguntó Joel.

Berta lo cerró. Hizo “plop”.

—Creo que la magia no estaba en el paraguas.

Al día siguiente, el barrio creó un estante para prestar paraguas. También dejaron mantas, botas y bolsas impermeables para quien las necesitara.

El paraguas de Berta siguió siendo pequeño.

Pero cada vez que alguien se acercaba bajo la lluvia, ella inclinaba el mango rojo y decía:

—Acércate. Ya veremos cómo cabemos.

Y, de algún modo, siempre cabían.

Regresar a la biblioteca de cuentos

Sigue leyendo

Más historias para compartir

Ver toda la biblioteca →