Relato tradicional
Durante la excursión al cerro, Tadeo fue nombrado guardián de la comida.
Se tomó el cargo muy en serio.
Contó las manzanas, protegió el queso de una cabra curiosa y vigiló el pan como si fuera un tesoro real.
A la hora del almuerzo descubrieron un problema: la mochila de Nora se había abierto en el camino y su comida se había perdido.
Solo quedaba un pan grande para cinco niños.
—Lo justo es dividirlo en cinco partes iguales —dijo Tadeo.
Midió con una ramita y cortó porciones exactamente del mismo tamaño.
Nora comió la suya en dos mordiscos. Los demás todavía tenían frutas, queso y galletas.
—Sigo teniendo hambre —admitió ella.
Tadeo miró las porciones restantes.
—Pero ya repartimos justo.
La guía se sentó a su lado.
—Repartimos igual. ¿Eso siempre significa justo?
Tadeo no estaba seguro.
Su amigo Julián tenía dos manzanas y una bolsa de nueces. Vera guardaba un sándwich. Tadeo todavía tenía queso. Nora no tenía nada más.
—Si le damos más, recibirá una porción distinta —dijo.
—Sí —respondió la guía—. Porque su situación también es distinta.
Tadeo observó el pan. Ser guardián no consistía solamente en contar.
Preguntó a los demás qué podían compartir. Julián dio una manzana. Vera ofreció la mitad de su sándwich. Tadeo añadió queso a la porción de Nora.
También guardaron un pedazo pequeño para el regreso, por si alguien volvía a necesitarlo.
Cuando retomaron la caminata, una lluvia inesperada los obligó a refugiarse. La cabra curiosa apareció detrás de una roca, temblando de frío.
—No podemos darle todo —dijo Tadeo—, pero sí un poquito.
Compartieron el último trozo.
Al llegar al pueblo, Tadeo devolvió la cesta vacía.
—¿Cumpliste como guardián? —preguntó el panadero.
—Sí. Pero aprendí que cuidar la comida no es impedir que se acabe.
—¿Entonces qué es?
—Hacer que llegue a quien más la necesita.
El panadero le entregó una pequeña insignia con forma de hogaza.
Desde aquel día, Tadeo siguió contando porciones.
Pero antes de repartir, también preguntaba:
—¿Quién tiene hambre? ¿Quién necesita más ayuda? ¿Cómo podemos cuidar a todos?
Y esa pregunta resultó mucho más justa que cualquier ramita para medir.




