Mi LittleChef
Volver a todos los cuentos

Emociones

El club secreto de los hermanos imperfectos

Después de una pelea desastrosa, dos hermanos fundan un club con una regla inesperada: nadie tiene que portarse perfecto para pertenecer.

5 a 8 años7 min de lecturareparación, convivencia, responsabilidad, humor
Dos hermanos construyendo una casa club con carteles divertidos mientras reparan juntos un juguete roto.

Relato tradicional

El Club de los Hermanos Perfectos duró exactamente once minutos.

Lo fundaron Milo y Eva después de prometerle a papá que dejarían de discutir.

Escribieron las reglas en una cartulina:

1. No gritar. 2. Compartir todo. 3. Estar siempre de acuerdo. 4. No molestar jamás.

Firmaron con rotulador verde.

Seis minutos después, Eva tomó el cohete de Milo sin pedir permiso.

Ocho minutos después, Milo le arrebató una rueda.

Diez minutos después, el cohete cayó al suelo y se rompió.

Once minutos después, ambos gritaban:

—¡Tú arruinaste el club!

Papá entró, miró el cohete y leyó las reglas.

—Parecen difíciles incluso para adultos —dijo.

—Los hermanos perfectos sí pueden cumplirlas —respondió Milo.

—Entonces quizá eligieron el club equivocado.

Eva rompió la cartulina por la mitad.

Esa tarde construyeron una casa con sábanas. En la entrada pusieron un nuevo nombre:

“El Club Secreto de los Hermanos Imperfectos”.

Las reglas cambiaron:

1. Podemos enojarnos. 2. No podemos hacer daño a propósito. 3. Si rompemos algo, ayudamos a repararlo. 4. Una disculpa no obliga al otro a dejar de estar triste enseguida. 5. Se permiten descansos.

—Falta una —dijo Eva—. No tocar el cohete.

—Esa es una regla personal —contestó Milo—. También cuenta.

Repararon el juguete con pegamento. No quedó igual: una aleta quedó un poco torcida.

—Lo siento por arrebatártelo —dijo Milo.

—Yo lo tomé sin permiso —respondió Eva—. También lo siento.

—Todavía estoy enfadado.

—Está bien.

Durante los días siguientes, el club tuvo mucho trabajo. Eva derramó agua sobre un dibujo. Milo dijo una broma que hizo llorar a su hermana. Una tarde discutieron por quién debía elegir la película y necesitaron veinte minutos en habitaciones separadas.

Para cada problema inventaban una reparación. Secar, volver a dibujar, preguntar qué necesitaba el otro, cambiar turnos o simplemente dar tiempo.

También crearon un frasco llamado “Cosas que sí nos gustan de ser hermanos”. Metían notas cuando se acordaban.

“Eva sabe encontrar mis piezas pequeñas”.

“Milo me defiende cuando alguien se burla”.

“Los dos sabemos hacer voces ridículas”.

Un sábado, papá encontró la casa club inclinada y a los dos discutiendo dentro.

—¿El club volvió a fracasar? —preguntó.

Milo negó con la cabeza.

—No. Estamos usando la regla cinco.

—¡Pero él está descansando en mi lado! —gritó Eva.

Necesitaron una regla seis: “Cada persona puede elegir su rincón”.

El Club de los Hermanos Imperfectos nunca tuvo una semana sin peleas.

Sin embargo, se volvió cada vez mejor reparando cohetes, palabras y tardes difíciles.

La aleta torcida permaneció en el juguete.

A ambos les gustaba verla.

Les recordaba que algo reparado no tiene que parecer perfecto para volver a volar.

Regresar a la biblioteca de cuentos

Sigue leyendo

Más historias para compartir

Ver toda la biblioteca →