En una habitación alta del castillo de Sauceda había un espejo tan antiguo que nadie recordaba quién lo había colgado allí.
Decían que no sabía mentir.
Alba, hija del jardinero, lo descubrió una tarde mientras llevaba flores para la fiesta de primavera.
—Espejo —preguntó—, ¿soy la niña más bonita del reino?
El espejo permaneció callado.
—¿No sabes hablar?
—Sé —respondió una voz suave—. Pero esa pregunta no tiene una respuesta que te sirva.
Alba se acercó.
—Entonces dime si mis pecas son feas.
—Tus pecas son pecas.
—¿Y mi pelo? Nunca queda como el de Clara.
—Tu pelo es tu pelo. El de Clara es el de Clara.
Alba se enfadó.
—¡Eres un espejo bastante inútil!
La superficie brilló.
—Puedo mostrarte algo verdadero.
Apareció Alba arrodillada en el jardín, colocando una tablita para que un escarabajo pudiera salir de un cubo de agua.
Después apareció compartiendo su merienda con un niño pequeño.
Luego practicando una canción una y otra vez hasta aprenderla.
—¿Qué significa eso? —preguntó.
—Que eres atenta, generosa y constante.
—Pero eso no se ve en mi cara.
—Exacto.
Durante los días siguientes, Alba regresó al espejo con nuevas preguntas.
—Hoy me equivoqué leyendo delante de todos. ¿Soy torpe?
El espejo mostró el momento justo después, cuando Alba volvió a intentarlo.
—Te equivocaste leyendo una palabra. Eso no es lo mismo que “ser torpe”.
Otro día:
—Clara corre más rápido que yo.
—Sí.
Alba esperó.
—¿Y?
—Y tú sabes cuidar plantas mejor que Clara. Ninguna de las dos cosas decide cuánto valen.
Aquella respuesta le gustó.
En la fiesta de primavera, todos los niños llevaron coronas de flores. Alba vio la de Clara y por un instante deseó que la suya fuera igual.
Luego miró la corona que había hecho con margaritas pequeñas y hojas de romero.
Olía a jardín.
Era suya.
Cuando pasó frente a una ventana, vio su reflejo. No preguntó si era la más bonita.
Pensó: “Ahí estoy yo”.
Y sonrió.
Muchos años después, el espejo siguió en la habitación alta. Algunos visitantes esperaban halagos y salían decepcionados.
Otros descubrían algo más útil.
El espejo nunca decía: “Eres perfecto”.
Decía: “Eres tú. Estás aprendiendo. Tienes cosas buenas que cuidar y cosas difíciles que practicar”.
Alba comprendió que quererse no era mirarse y pensar que uno era mejor que todos.
Era poder mirarse sin convertirse en enemigo de uno mismo.
Para disfrutar en familia
Después del cuento
Preguntas de comprensión
- ¿Por qué el espejo no respondió quién era la más bonita?
- ¿Qué cualidades de Alba mostró el espejo?
- ¿Equivocarse en algo significa ser malo para todo?
- ¿Qué cualidad tuya no puede verse en un espejo?
Actividad para hacer juntos
Haz un marco de espejo en papel y escribe alrededor cuatro cosas que aprecias de ti: una habilidad, un esfuerzo, una cualidad y algo que estás aprendiendo.
Una conversación que ayuda
Cada persona de la familia dice una cualidad no física de otra.




