Cuento tradicional recopilado por los hermanos Grimm
Rapunzel había vivido siempre en una torre.
La mujer que la criaba decía que el mundo era demasiado peligroso.
—Aquí estás segura. No necesitas conocer a nadie más.
Rapunzel agradecía los cuidados, pero cada año sentía crecer una pregunta: ¿por qué la seguridad debía significar no poder elegir?
Cantaba junto a la ventana. Un día, una joven viajera escuchó su voz y respondió desde abajo.
Comenzaron a conversar. Rapunzel le habló de sus dudas. La viajera no prometió rescatarla de inmediato.
—Primero debemos encontrar una manera segura de salir y personas de confianza que puedan ayudarte.
Rapunzel empezó a observar la torre. Descubrió una escalera oculta que la mujer había mantenido cerrada.
Cuando pidió conocer el exterior, recibió una negativa.
—Yo decido lo que es mejor para ti.
Rapunzel comprendió que aquello ya no era cuidado, sino control.
Con ayuda de la viajera y de vecinos cercanos, abrió la puerta y descendió.
El mundo no era completamente seguro. También era hermoso, complejo y lleno de personas capaces de acompañarla.
Rapunzel aprendió a leer mapas, cuidar jardines y tomar decisiones. No dejó de sentir miedo, pero comenzó a confiar en sí misma.
Tiempo después regresó a la torre, no para vivir allí, sino para convertirla en un refugio temporal para jóvenes que necesitaran ayuda.
Desde la ventana seguía cantando.
Ahora su voz no era una señal de encierro.
Era una invitación para recordar que toda persona merece protección sin perder su libertad.




