Cuento tradicional europeo, asociado a Charles Perrault
Pulgarcito era el menor de siete hermanos y también el más pequeño.
Muchos pensaban que, por hablar poco y ocupar poco espacio, no prestaba atención.
En realidad observaba todo.
Cuando la familia atravesó una época difícil, los hermanos se perdieron en el bosque durante una salida mal organizada.
Pulgarcito había dejado pequeñas piedras blancas junto al camino.
—Podemos regresar siguiéndolas.
La primera vez funcionó.
En una segunda ocasión no tuvo piedras y utilizó migas, pero los pájaros se las comieron.
Los niños llegaron a una casa donde vivía un gigante de mal carácter.
Pulgarcito notó sus rutinas, encontró una salida y esperó el momento adecuado para escapar con sus hermanos.
No intentó enfrentarlo con fuerza.
Usó silencio, atención y cooperación.
Después de regresar, la familia comprendió que debía pedir ayuda a la comunidad en lugar de poner a los niños en riesgo.
Pulgarcito recibió oportunidades para estudiar mapas y caminos. Con el tiempo se convirtió en guía del reino.
Nunca permitió que se burlaran de alguien por ser pequeño, tímido o diferente.
—Quien habla menos puede estar viendo algo que los demás no han notado —decía.
Sus hermanos también aprendieron a preguntarle su opinión antes de decidir.
Pulgarcito no creció hasta convertirse en gigante.
No lo necesitaba.
Ya había demostrado que una mirada atenta puede encontrar un camino donde la fuerza solo ve árboles.




