Mi LittleChef
Volver a todos los cuentos

Clásicos

El príncipe rana y la promesa del estanque

Descubre El príncipe rana, un cuento infantil sobre promesas, amistad y magia, adaptado con humor y ternura para leer en familia.

5 a 9 años4 min de lecturaPromesas y respeto
Una princesa conversa con una rana coronada junto a un estanque y una pelota dorada

Relato tradicional recopilado por los Hermanos Grimm. Adaptación familiar original.

En el reino de Valleverde vivía la princesa Alma, que podía montar a caballo, reconocer veinte clases de pájaros y perder cualquier objeto pequeño en menos de cinco minutos. Su tesoro favorito era una pelota dorada que había pertenecido a su abuela.

Una tarde jugaba cerca del estanque del bosque. Lanzó la pelota tan alto que el sol pareció sostenerla un instante. Al caer, rebotó en una raíz y desapareció en el agua oscura. Alma se arrodilló en la orilla y llamó a los peces, a los patos y hasta a una libélula que no parecía interesada.

Entonces asomó una rana grande, verde y muy seria. Llevaba una hoja de nenúfar sobre la cabeza como si fuera un sombrero. «Puedo recuperar tu pelota», dijo, «pero deseo sentarme a tu mesa, compartir tu cena y escuchar un cuento junto al fuego».

Alma pensó que una rana jamás llegaría al palacio y aceptó con demasiada rapidez. La rana se sumergió y regresó con la pelota entre las patas. La princesa la tomó, dio las gracias y corrió a casa antes de que su conciencia pudiera alcanzarla.

Esa noche, durante la cena, alguien golpeó la puerta: toc, toc, ¡croac! Los guardias miraron hacia arriba, pero la voz venía desde el suelo. Alma reconoció a la rana y se escondió detrás de una jarra.

La reina Irene escuchó lo ocurrido. No regañó a su hija delante de todos. Solo le dijo en voz baja: «Una promesa pequeña pesa tanto como una grande para quien confía en ella». Alma respiró hondo y abrió la puerta.

La rana, que se llamaba Nilo, dejó un caminito de huellas húmedas por el comedor. Probó la sopa, declaró que le faltaban mosquitos y contó un chiste tan malo que el cocinero soltó la cuchara. Después pidió el cuento prometido.

Alma leyó una historia de dragones. Nilo corregía cada rugido y aseguraba que los dragones de verdad eran mucho más educados. Poco a poco, la princesa dejó de verlo como una molestia. Descubrió que era curioso, valiente y capaz de escuchar sin interrumpir, salvo cuando aparecía un insecto.

Al llegar la medianoche, una sombra con forma de corona apareció en la pared. Nilo explicó que un hechicero lo había convertido en rana hasta que alguien de la familia real cumpliera una promesa sin buscar recompensa.

Antes de que pudieran celebrar, un viento helado apagó el fuego. La sombra escapó hacia la torre norte llevando consigo la pelota dorada. Nilo saltó tras ella y Alma lo siguió con una lámpara.

Subieron una escalera que chirriaba como ratón con hipo. En la cima encontraron al hechicero atrapado dentro de su propio espejo. Había lanzado tantos encantamientos para controlar a otros que uno de ellos había regresado contra él.

Alma podía recuperar la pelota y marcharse, pero decidió ayudarlo. Nilo encontró la palabra escondida en el marco del espejo: «gracias». Cuando el hechicero la pronunció con sinceridad, el cristal se abrió, la sombra desapareció y la torre volvió a llenarse de luz.

El hechizo de Nilo se rompió. La rana se transformó en un joven príncipe con botas empapadas, cabello revuelto y una risa que todavía terminaba en croac. Alma se sorprendió, aunque no tanto como el cocinero cuando el príncipe pidió otra sopa con mosquitos.

Nilo regresó a su reino, pero visitaba Valleverde con frecuencia. Él y Alma se convirtieron en grandes amigos y, con los años, decidieron compartir muchas aventuras. La pelota dorada quedó en una vitrina cerca del estanque, no para recordar una pérdida, sino una promesa cumplida.

Desde entonces, en el palacio se decía que la verdadera nobleza no se reconocía por una corona. Se reconocía en la manera de tratar a quien parecía pequeño, extraño o diferente, y en la valentía de hacer lo correcto después de haber cometido un error.

## Para conversar en familia

Regresar a la biblioteca de cuentos

Sigue leyendo

Más historias para compartir

Ver toda la biblioteca →