Relato original basado en Éxodo 3–14
Moisés había crecido en el palacio de Egipto, pero sabía que pertenecía al pueblo de Israel. Después de huir al desierto, trabajó durante años como pastor.
Un día vio una zarza rodeada de fuego que no se consumía.
Desde allí, Dios lo llamó.
—He visto el sufrimiento de mi pueblo. Ve al faraón y dile que lo deje salir.
Moisés sintió miedo.
—¿Quién soy yo para hacer eso? No hablo con facilidad.
Dios no negó sus inseguridades. Le prometió acompañarlo y permitió que su hermano Aarón lo ayudara.
Moisés regresó a Egipto.
Él y Aarón hablaron con el faraón, pero este se negó una y otra vez. Egipto vivió señales y plagas que mostraron que la opresión no podía continuar para siempre.
Finalmente, el faraón dejó salir al pueblo.
Las familias caminaron con rapidez, llevando sus pertenencias y alimentos. Después de generaciones de esclavitud, avanzaban hacia la libertad.
Pero el faraón cambió de opinión y envió su ejército tras ellos.
Delante estaba el mar. Detrás, los carros egipcios.
El pueblo sintió miedo y comenzó a reclamar.
Moisés también estaba bajo una enorme presión, pero buscó a Dios.
Dios le indicó que levantara su bastón.
Un viento fuerte sopló durante la noche y las aguas se abrieron. En medio del mar apareció un camino seco.
El pueblo cruzó.
Padres cargaban a sus hijos; ancianos avanzaban con ayuda; animales y familias caminaban entre grandes paredes de agua.
Cuando todos estuvieron a salvo, las aguas regresaron y el ejército ya no pudo alcanzarlos.
En la otra orilla, el miedo se convirtió en alivio y gratitud. Miriam tomó un instrumento y dirigió una celebración.
Moisés no había comenzado como un líder seguro de sí mismo. Había comenzado preguntando si sería capaz.
Su fortaleza no estuvo en no sentir miedo, sino en obedecer, pedir ayuda y avanzar mientras Dios abría el camino.
La historia del mar recuerda que puede haber momentos en los que no vemos salida. En esos momentos, la fe no siempre nos muestra todo el recorrido. A veces nos invita a dar el siguiente paso sobre el camino que apenas acaba de aparecer.




