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Historias bíblicas

Abraham y la promesa bajo las estrellas

Historia de Abraham para niños sobre la promesa de Dios, la paciencia y la fe representada por las estrellas del cielo.

5 a 9 años7 min de lecturaFe, paciencia y confianza en las promesas
Abraham contempla un cielo lleno de estrellas junto a su tienda en el desierto.

Relato original basado en Génesis 12; 15; 21

Abraham vivía con Sara en una tierra conocida, rodeado de familiares, animales y costumbres que formaban parte de su vida.

Un día, Dios le pidió que saliera de allí y caminara hacia una tierra nueva.

No le mostró todo el recorrido desde el principio. Le dio una promesa y una dirección.

—Haré de ti una gran nación y bendeciré a muchas familias por medio de ti.

Abraham y Sara recogieron sus pertenencias, organizaron sus rebaños y emprendieron el viaje.

El camino fue largo. Hubo noches frías, días calurosos y lugares donde no sabían cuánto tiempo permanecerían. Levantaban sus tiendas, cuidaban los animales y seguían avanzando.

Pero había una parte de la promesa que parecía imposible: Abraham y Sara no tenían hijos, y ambos estaban envejeciendo.

Una noche, Abraham habló con Dios acerca de su tristeza.

Dios lo llevó fuera de la tienda.

—Mira el cielo y cuenta las estrellas, si puedes.

Abraham levantó la mirada. Había tantas que resultaba imposible contarlas.

—Así será tu descendencia.

Abraham decidió confiar.

Eso no significó que la espera se volviera fácil. Pasaron años. A veces él y Sara dudaron, se impacientaron y trataron de resolver las cosas por su cuenta.

Dios, sin embargo, no olvidó su promesa.

Cuando ya parecía demasiado tarde, Sara tuvo un hijo. Lo llamaron Isaac, un nombre relacionado con la risa, porque su nacimiento llenó la casa de una alegría que casi habían dejado de imaginar.

Cada vez que Abraham contemplaba las estrellas, recordaba que Dios podía trabajar durante los años en que él solo veía demora.

La promesa no se cumplió de una vez. Comenzó con un niño pequeño, una tienda en el desierto y dos padres que aprendían a confiar.

La historia de Abraham no enseña que esperar sea sencillo. Enseña que la fe puede acompañarnos mientras esperamos.

Podemos seguir caminando, cuidando lo que tenemos hoy y recordando que una promesa no deja de ser verdadera solo porque todavía no vemos su resultado completo.

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