Cuento tradicional recopilado por los hermanos Grimm
Antes de salir, mamá cabra reunió a sus siete hijos.
—No abran a nadie. Yo usaré nuestra canción familiar y mostraré la pulsera azul por la ventana.
Poco después, el lobo llamó a la puerta.
Imitó la voz de la madre, pero no conocía la canción.
Las cabritillas no abrieron.
El lobo regresó con una voz más suave y una cinta azul cualquiera.
La más pequeña notó que la pulsera no tenía las cuentas de colores correctas.
—No eres mamá.
El lobo intentó empujar la puerta, pero estaba bien asegurada.
Las cabritillas no se escondieron en silencio. Activaron una campana conectada con la granja vecina y se reunieron en la habitación segura.
Los vecinos llegaron y el lobo huyó.
Cuando mamá cabra regresó, abrazó a sus hijos.
—Hicieron bien en no confiar solo en una voz o una cinta.
También revisaron juntos las reglas.
Las cabritillas comprendieron que la seguridad no consiste únicamente en obedecer por miedo.
Consiste en reconocer señales, mantener la calma, permanecer juntas y pedir ayuda.
Desde entonces practicaban qué hacer en distintas situaciones.
Y el lobo dejó de encontrar una casa fácil de engañar, porque allí los pequeños sabían que la prudencia también puede tener siete voces firmes.




