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Historias bíblicas

El buen samaritano

El buen samaritano para niños: parábola de Jesús sobre compasión, ayuda práctica y amar al prójimo más allá de las diferencias.

5 a 10 años7 min de lecturaCompasión, ayuda y amor al prójimo
Un samaritano ayuda a un viajero herido junto a un camino mientras su asno espera cerca.

Relato original basado en Lucas 10:25–37

Un experto en la ley preguntó a Jesús qué debía hacer para vivir de acuerdo con Dios. La conversación llegó a una pregunta difícil:

—¿Quién es mi prójimo?

Jesús respondió con una historia.

Un hombre viajaba desde Jerusalén hasta Jericó. El camino atravesaba zonas solitarias. Allí fue atacado por ladrones, quienes le quitaron sus pertenencias y lo dejaron herido.

Pasó un sacerdote. Vio al hombre, pero continuó por el otro lado.

Después llegó un ayudante del templo. También lo vio y siguió su camino.

Tal vez ambos tenían prisa o sintieron miedo. La historia no explica sus motivos. Solo muestra que observaron la necesidad y no se detuvieron.

Más tarde apareció un samaritano.

Entre samaritanos y judíos existían profundas diferencias y desconfianza. Muchas personas no esperaban que él fuera el héroe de la historia.

Sin embargo, al ver al herido sintió compasión.

Se acercó con cuidado, atendió sus heridas y lo subió a su propio animal. Después lo llevó a un alojamiento, pasó la noche cuidándolo y pagó para que siguieran atendiéndolo.

También prometió regresar y cubrir cualquier gasto adicional.

El samaritano no preguntó primero de qué pueblo era el hombre, qué pensaba o si podría devolverle el favor.

Vio una vida en peligro y actuó.

Jesús preguntó cuál de los tres se había comportado como prójimo.

La respuesta era clara: quien mostró misericordia.

La parábola no enseña que los niños deban acercarse solos a toda situación peligrosa. Ayudar con sabiduría puede significar llamar a un adulto, buscar atención médica o avisar a una autoridad.

Lo central es no mirar hacia otro lado porque alguien sea diferente o porque ayudar resulte incómodo.

El samaritano convirtió la compasión en acciones: se detuvo, se acercó, cuidó, transportó, pagó y prometió volver.

Por eso amar al prójimo no es solamente sentir pena.

Es permitir que el sufrimiento de otra persona nos mueva a hacer el bien de una manera segura y concreta.

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