Relato original basado en Génesis 1–2
Antes de que existieran los jardines, las montañas o el canto de los pájaros, la tierra estaba vacía y cubierta de oscuridad.
Entonces Dios habló, y apareció la luz.
La luz se extendió como una gran mañana sobre todo lo que aún no tenía forma. Dios separó el día de la noche y vio que aquello era bueno.
Después preparó el cielo y reunió las aguas para que apareciera la tierra seca. Sobre ella hizo brotar hierba, plantas y árboles cargados de frutos y semillas. Cada planta tenía una manera distinta de crecer: unas se levantaban altas, otras se extendían cerca del suelo y algunas abrían flores pequeñas que parecían guardar colores dentro.
Dios colocó luces en el cielo para señalar los días y las estaciones. El sol calentó la tierra; la luna iluminó las noches y las estrellas llenaron la oscuridad de pequeños destellos.
Luego las aguas se llenaron de peces. Algunos eran diminutos y rápidos; otros grandes y tranquilos. En el cielo comenzaron a volar aves de muchos tamaños. Había alas fuertes, plumas suaves y cantos que todavía nadie había escuchado.
Sobre la tierra aparecieron animales de toda clase: elefantes, ovejas, leones, conejos, jirafas y criaturas que corrían, saltaban, se arrastraban o descansaban bajo los árboles.
Finalmente, Dios creó a las personas a su imagen y les confió una tarea especial: cuidar la creación.
Adán y Eva recibieron un jardín lleno de alimento, agua y belleza. Podían caminar entre los árboles, observar a los animales y trabajar la tierra sin destruirla.
Dios contempló todo lo que había hecho. No vio un mundo vacío, sino un hogar lleno de vida, orden y posibilidades.
Después descansó.
No porque estuviera cansado, sino para mostrar que el trabajo y el descanso forman parte de una vida buena.
La historia de la creación nos recuerda que el mundo no es una cosa sin importancia. Es un regalo que merece cuidado.
Cada vez que protegemos un animal, evitamos desperdiciar agua, recogemos basura o plantamos una semilla, participamos en esa tarea antigua: cuidar con amor lo que Dios llamó bueno.




