Relato original basado en 1 Samuel 17
El ejército de Israel estaba frente al ejército filisteo. Entre ambos se extendía un valle.
Cada día salía un guerrero llamado Goliat. Era muy alto, llevaba una armadura pesada y desafiaba a los israelitas a enviar a un hombre para enfrentarlo.
Los soldados sentían miedo.
David no era soldado. Era un joven pastor que había llegado para llevar alimento a sus hermanos.
Cuando escuchó las amenazas de Goliat, preguntó por qué nadie respondía.
Sus hermanos se molestaron.
—Tú solo has venido a mirar la batalla.
Pero David no estaba buscando diversión. Le preocupaba que aquel hombre humillara al pueblo y desafiara a Dios.
El rey Saúl escuchó acerca de David y lo mandó llamar.
—Yo enfrentaré a Goliat —dijo el joven.
Saúl dudó.
—Eres muy joven y él es un guerrero experimentado.
David explicó que, mientras cuidaba ovejas, había tenido que protegerlas de animales salvajes. No confiaba únicamente en su fuerza. Había aprendido a permanecer atento, usar su honda y depender de Dios.
Saúl le prestó su armadura, pero era demasiado pesada. David decidió usar aquello con lo que sabía trabajar.
Tomó su bastón, su honda y cinco piedras lisas del arroyo.
Goliat se burló al verlo.
David respondió que no venía confiando en una espada enorme, sino en el Dios de Israel.
Colocó una piedra en la honda, la hizo girar y la lanzó.
La piedra golpeó a Goliat en la frente. El gigante cayó al suelo y el ejército filisteo huyó.
La victoria no ocurrió porque David fingiera que Goliat era pequeño. Reconoció el peligro, pero también recordó su preparación y la fidelidad de Dios.
David no trató de convertirse en otro soldado usando una armadura que no le servía. Utilizó las habilidades que había desarrollado en tareas aparentemente sencillas.
Esta historia no promete que todos los problemas desaparecerán con una piedra. Enseña que el tamaño de un desafío no decide por sí solo el resultado.
Podemos prepararnos, usar bien lo que tenemos, escuchar consejos y avanzar con fe.
David llegó al valle como un pastor joven.
Salió de allí recordando a todo un pueblo que el miedo no tiene la última palabra.




