Tomás y el León en su Pecho

Tomás era un niño alegre, pero a veces se enojaba muy fuerte. Cuando alguien no jugaba con él o le quitaban sus cosas, sentía que un león rugía en su pecho. —“¡Grrrrr!” —rugía el león—. “¡Haz algo, grita, empuja!” Un día, Tomás se peleó con su mejor amigo. El león rugía tan fuerte que Tomás casi golpea la mesa. Pero entonces recordó lo que le dijo su abuela: —“La fuerza más grande no está en rugir… está en respirar”. Tomás respiró muy, muy profundo, como si estuviera acariciando al león. Poco a poco, el rugido se transformó en un ronroneo suave. —“Gracias, Tomás —susurró el león—, ahora estoy tranquilo como tú”. Tomás abrazó a su amigo y le pidió perdón. Descubrió que podía ser fuerte, no con golpes, sino con calma.
moraleja :Todos tenemos un león dentro, pero podemos acariciarlo con respiraciones y calma. Ser fuerte no es gritar, es aprender a estar en paz.
Fin
