La Isla de Martín

Martín sentía que estaba solo en su propia isla. Miraba a otros niños jugar, pero él se quedaba en silencio. Una noche soñó que tenía barquitos de papel. En cada uno podía escribir una palabra: “hola”, “gracias”, “¿quieres jugar?”. Al día siguiente, se animó a hablar con un niño en el recreo. Fue como lanzar un barquito desde su isla hasta la de otro. El niño sonrió y respondió: —“¡Claro, vamos a jugar!” Martín descubrió que cada palabra era un puente que lo sacaba de su isla.
moraleja :Una palabra amable puede acercarte a los demás y llenar de amigos tu mundo.
Fin
