Esteban y la Silla en el Bus

Esteban estaba cansado después de entrenar fútbol. En el bus, por suerte, encontró un asiento libre. Poco después subió una señora mayor. Nadie se levantaba, y ella se veía agotada. Esteban suspiró, se puso de pie y dijo: —“Por favor, siéntese aquí”. La mujer lo miró con ternura: —“Tus padres deben estar orgullosos de ti”. El bus siguió su camino, pero el corazón de Esteban estaba tan ligero que no importaba estar de pie.
moraleja :La amabilidad no se olvida; se guarda en el corazón de quien la recibe.
Fin
