El niño esclavo y la Sanidad de Naamán

En la casa de Naamán, un poderoso general del ejército, vivía un pequeño niño esclavo. Aunque estaba lejos de su familia y de su tierra, aquel niño guardaba en su corazón una gran fe en el Dios verdadero. Naamán era fuerte y valiente, pero tenía una enfermedad muy difícil: la lepra. Nadie sabía cómo curarlo, y su tristeza era grande. La niña, al verlo, no pudo quedarse callada y, con ternura, le dijo a su esposa: —“Si mi señor fuera al profeta de Israel, él podría sanarlo”. Sus palabras, aunque sencillas, llegaron a oídos de Naamán. Decidió escuchar aquel consejo y emprendió un viaje hasta la tierra de Israel. Allí fue recibido por el profeta Eliseo, quien no le pidió oro ni regalos, sino algo muy simple: —“Ve y lávate siete veces en el río Jordán, y tu carne quedará limpia”. Al principio, Naamán se enojó. ¿Cómo algo tan sencillo podía sanar una enfermedad tan grande? Pero, animado por sus siervos, obedeció. Se sumergió una vez, dos veces, tres… hasta completar siete. Y al salir del agua, su piel estaba limpia como la de un niño. Naamán se alegró tanto que alabó al Dios de Israel y prometió no adorar a ningún otro. Todo esto sucedió gracias a la fe y las palabras de un niño pequeño.
moraleja :Nunca debemos subestimar lo que un niño puede hacer. Con fe y valentía, incluso las palabras más sencillas pueden cambiar la vida de los demás.
Fin
